La importancia de ser auténtico






Hay una calidad del ser humano que considero estar por encima de otras: la autenticidad. Este valor, que debería ser tan natural cómo el agua, y que da coherencia a nuestras palabras, acciones y pensamientos, me parece haberse convertido en una rareza. En un presente que revela más confusión que claridad, ser consecuente consigo mismo y mostrarse tal cual uno es representa una necesaria práctica de vigilancia cotidiana. Es una atención constante la que nos puede ayudar a no perder la coincidencia perfecta entre lo que somos y lo que hacemos. Para cultivar constantemente la verdad de nuestra íntima identidad y manifestarla en el mundo.  

Soy consciente de que la dificultad de ser auténticos nace casi siempre de la complexidad de saber profundamente quienes somos (nuestra esencia más verdadera): descubrir o reconocer lo que nos anima, que nos hace sentir plenos y en el centro de nuestra existencia (y de nuestra misión en la vida). Saber quienes somos es un reto fundamental que debería ser el objetivo constante de nuestro crecimiento y de nuestras actividades cotidianas. La intención de quererse conocer, de desplegar completamente nuestra personal y única naturaleza, es una actitud de amor hacia nosotros. También es un regalo para los otros, porque el hecho de estar en el centro de nuestro ser difunde a nuestro alrededor un aroma que sabe a fuerza, a claridad, a valor, a alegría…¡Qué sabe a Vida auténtica!

Sin embargo múltiples son las deviaciones que impiden el contacto continuo con nuestro ser auténtico. Buscar la superficialidad en las cosas o en las personas, alimentar nuestros tiempos de vida con contextos o interacciones vacías, no dar valor a las palabras, no elegir constantemente las acciones según nuestro sentir más verdadero…son sólo algunos ejemplos de dispersión diaria que nos alejan de nuestro centro y ofuscan nuestra capacidad de concentración. Sé que hoy en día casi todo, en el mundo, está hecho para remar en contra de la verdad, de la sinceridad, de la belleza, de la coherencia, de la honestidad espiritual, de todo modo el desafío que se nos propone es lo de no abdicar los valores que confieren, juntos con otros, dignidad al ser humano: la audacia, la fuerza, la tenacidad.
Para no confundirse, para no perder tiempo de vida persiguiendo modelos inútiles, para no creer que el afán de abrazar múltiples identidades siempre más “excéntricas o transgresivas” sea una forma de encontrarse a sí mismo…de sentirse vivo y único.

Ser uno mismo es la más sublime forma de originalidad.
Ser sencillamente auténtico es la verdadera expresión de sí, la verdadera libertad.

Comentarios

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  2. Marvilloso, Adriano, te felicito!
    Me recuerda de un dicho: todos nacemos siendo originales pero muchos acabamos siendo copias..
    Hoy en día ser auténtico es probablemente uno de los actos más valientes porque implica no siempre encajar y gustar pero a la vez implica aportar algo nuevo, algo único.
    Sigue siendo auténtico y compartiendo! Un abrazo

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    1. Caro, ¡Qué bonito el dicho! Es verdad, el peligro de perder el rumbo de nuestra originalidad está siempre presente y en este tiempo gritado, fuera de centro y confuso, la hazaña verdadera es la de permanecer sencillos y creativamente auténticos. ¡Gracias por seguir y aportar con tus reflexiones!

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